El clima: una variable silenciosa que define la calidad de la harina

De la siembra a la cosecha, las condiciones ambientales siempre dejan su huella en el grano. Y cada campaña presenta sus desafíos.

Cuando hablamos de la calidad de la harina, existe un factor decisivo que empieza a jugar mucho antes de que el trigo llegue al molino: el clima. Desde la siembra hasta la cosecha, cada condición ambiental deja en el grano una huella indeleble. De ahí que entender la forma en la que el clima incide en el desarrollo del trigo resulta clave para interpretar su comportamiento posterior en la molienda y para, en definitiva, producir harinas consistentes y confiables.


El desarrollo del trigo: tiempo, temperatura y agua

En la Argentina, la cosecha de trigo suele extenderse entre noviembre y febrero. La siembra se adapta a las distintas zonas climáticas, variando su timing de norte a sur para optimizar el cultivo. El objetivo es que la germinación ocurra cuando el suelo presenta la humedad justa y las temperaturas todavía son relativamente bajas, como para que la planta pueda desarrollar raíces fuertes antes de enfrentar los primeros calores.

De ahí en más, el crecimiento del cultivo va a depender en gran medida del régimen de lluvias. Un aporte equilibrado de agua favorece un desarrollo armónico de la planta y del grano, mientras que los excesos (o las carencias) generan efectos que se reflejan directamente en la calidad final del trigo.


Cantidad y calidad: un equilibrio delicado

Las condiciones climáticas influyen tanto en la cantidad de granos que produce cada espiga como en su composición interna. Esta influencia se ve, por ejemplo, cuando un exceso de lluvias puede favorecer la formación de un mayor número de granos, aunque a la vez “diluir” en cada uno el contenido proteico

Desde el punto de vista del productor, un mayor volumen suele resultar más atractivo. Los molineros, en cambio, tenemos mayor interés en la cantidad de proteína, sobre todo en la fracción no soluble que da origen al gluten y permite producir harinas de mayor calidad.

Ese equilibrio resulta clave: un trigo con bajo contenido proteico puede rendir bien en cantidad, pero dará lugar a harinas con menor fuerza, que retienen peor los gases de la fermentación y producen panes de menor volumen, con migas más cerradas y una cocción menos pareja.


Del campo al molino: interpretar el trigo

Cada campaña presenta desafíos distintos. Por eso en Lagomarsino el conocimiento del trigo argentino y de sus variaciones es parte de un trabajo cotidiano que se despliega en tareas como analizar el origen del grano, entender cómo se desarrolló y anticipar su comportamiento en la molienda.

Ese saber técnico, construido a lo largo de décadas, nos permite ajustar procesos, definir mezclas y producir harinas que de una forma consistente respondan a las necesidades de cada cliente.

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